UN VIAJE NADA COMÚN
LA ELABORACION VISTA DE OTRO MODO.

La personalidad de Proelio procede del terruño; el carácter se afina en la bodega. Las vinificaciones con levaduras autóctonas se llevan a cabo por separado dependiendo del tipo de suelo del que procedan las uvas. Para la fermentación sólo usamos tinos de roble, donde las extracciones se realizan de la manera más respetuosa mediante bazuqueo. La maloláctica tiene lugar en barricas tradicionales para ir progresivamente aumentando la capacidad de los depósitos hasta finalizar en fudres de 2.000 litros. Para el ensamblaje final se reservan los depósitos de hormigón donde el vino culmina su viaje.

ARQUITECTURA

Bodegas Proelio es un espacio sencillo y perfectamente integrado en su entorno natural. Modernidad y tradición se dan la mano una vez más en un lugar en el que destacan los grandes ventanales de las paredes, que permiten un trabajo en el que apenas se usa luz artificial. Es, por lo tanto, una arquitectura muy respetuosa con el medio ambiente, lo que permite una convivencia en perfecta armonía con un lugar tan especial como es el Valle del Río Iregua. Además, disponemos de una tecnología que nos permite obtener un producto de la máxima calidad, respetando en todo momento el fruto del que procede.

CRIANZA EN ROBLE

El roble forma parte de la viticultura desde hace 2000 años. En sus comienzos, solo se utilizaba como contenedor para transportar la bebida, reemplazando otros continentes mas frágiles y pesados como las ánforas de barro Por qué de roble? el roble es el tipo de madera que demostró ser técnicamente la más apta para contener y criar correctamente un vino. Hay dos subespecies del roble que tienen importancia en viticultura: el roble francés y el roble americano. El concepto de crianza de un vino dentro de una barrica típica de roble de 225 litros implica fundamentalmente dos fenómenos. Uno es la filtración de oxigeno por los microporos de la madera con las consecuentes reacciones que desencadena esa micro oxigenación. Con esto se "suaviza" el vino, se torna aterciopelado, no tan punzante al paladar, ya que sus componentes comienzan un lento proceso de oxidación, evolución y polimerización. El otro fenómeno es la incorporación al vino de toda una gama de compuestos aromáticos y gustativos propio de la madera. Los taninos de la madera. En este segundo punto es donde principalmente veremos la diferencia entre el roble francés y el americano. El primero aporta notas de chocolate, tabaco y cacao, el segundo aporta notas de cremas, vainillas y coco. Esto en líneas generales, por supuesto. Son estos dos procesos, el de oxigenación y el de cesión de compuestos, los que le otorgan al vino mayor complejidad, finura, gustos y aromas. Debe poseer la estructura, alcohol, acidez y balance necesarios. Otro modelo para la crianza de vinos es el Fudre de roble. Se trata de un recipiente con capacidad desde 2.000 hasta 30.000 litros o más. En nuestro caso usualmente utilizamos fudres de 2000 litros elaborados por las mejores tonelerías francesas. En ellos, la interacción entre la madera y el vino demanda mayor cantidad de tiempo, ya que la relación superficie-volumen es menor. En líneas generales se obtienen vinos más respetuosos con el mosto y todas las características únicas heredadas desde el viñedo

CRIANZA EN HORMIGÓN

El boom del hormigón en las bodegas fue desde 1940 hasta 1960. Durante estos años Se construían grandes depósitos de hormigón con una salida en la parte inferior. La capa interna se enlucía con cemento y se remataba con ácido tartárico como tratamiento final. Este recubrimiento hace inatacable el hormigón por parte de los componentes del vino. En nuestro caso, la incorporación de hormigón ha sido mediante depósitos ovoides. Además de que el hormigón permite la microoxigenación a través de los poros, el principio físico que justifica la forma ovalada es que el vino, que fermenta en el interior con sus propias lías, se somete a un sutil movimiento interno por las corrientes de fluidos generadas por las diferencias de temperatura. Una especie de battonage natural. Los taninos del vino se redondean en un proceso natural por aportación de oxígeno. Esta crianza sobre hormigón anula la aportación inevitable que hace la barrica de taninos y aromas del tostado. El resultado siempre es un vino más puro (mayor carácter varietal) y una boca más glicérica. Como principales características de dichas depósitos cabria mencionar: Aislante natural: La conductividad térmica del hormigón es diez veces menor que la del acero inoxidable para un mismo espesor. El depósito de hormigón es del orden de 350 veces más aislante que el de acero inoxidable y con ello una estabilidad térmica envidiable. El hormigón consigue un efecto de estabilización en la temperatura del vino que contiene, evitando picos que perjudiquen a las levaduras durante la fermentación Dentro de un depósito de hormigón todo lo que ocurre es más gradual, más suave, sin cambios bruscos, y esto se agradece durante la fermentación, pero también en el almacenamiento o crianza. Microporosidad: El hormigón es un material que por su proceso de elaboración y debido a los materiales de los que está compuesto es poroso. El hormigón utilizado está dotado de una microporosidad que permite una cierta permeabilidad al paso de oxígeno. Es el llamado proceso de microoxigenación el que hace que los vinos evolucionen de manera diferente y perduren más en el tiempo, obteniendo unos resultados parecidos a los de las barricas de roble, pero manteniendo un sabor más puro. Material neutro: Cuando utilizamos una barrica de roble para criar un vino, no sólo conseguimos una microoxigenación de éste, al tiempo la madera le cede sus taninos y valores aromáticos durante todo el periodo de crianza. El hormigón de los depósitos no contiene taninos, y los aromas que puede llegar a ceder al vino son suaves notas minerales, por lo tanto, podemos conseguir una microoxigenación natural dentro de un depósito formado por un material muy neutro.